El World Beer Cup 2026 dio a conocer su palmarés a finales de abril y dejó una fotografía que se repite edición tras edición: los bastiones tradicionales de Alemania, Bélgica y la República Checa siguen marcando el nivel en pilsener y witbier, los estilos donde llevan siglos de ventaja.
Entre las medallas belgas destaca la plata de Rodenbach Vintage en la categoría de Flanders Oud Bruin y Oud Red Ale, uno de esos estilos que casi nadie sabe replicar fuera de su tierra de origen. Que una cerveza de Flandes Occidental compita en una categoría que lleva el nombre de su propia región y salga premiada dice bastante del rigor del jurado, porque el oro se lo llevó una cervecería de Seattle.
Y ahí está el detalle interesante de esta edición. En varias categorías de estilo belga, el oro cruzó el Atlántico. La Belgian-Style Blonde Ale se la llevó una cervecería de Carolina del Sur; la dubbel, una de Indiana. Los estilos belgas se han internacionalizado hasta el punto de que Bélgica compite ya en su propio terreno contra medio mundo.
Conviene entender qué significa y qué no significa eso. El World Beer Cup es una cata a ciegas por categorías, donde cada cerveza se juzga contra la definición del estilo, no contra su pedigrí. Un jurado internacional evalúa cientos de muestras por categoría sin saber quién hay detrás de cada vaso. Es un formato que premia la ejecución técnica y que, por diseño, no tiene ninguna consideración con la tradición.
Para quien bebe, la lectura es sencilla y no especialmente dramática: hoy se elabora buena cerveza de inspiración belga en muchos sitios. Para quien compra, la conclusión sigue siendo la de siempre. Una Rodenbach o una witbier belga de referencia no valen porque un jurado las premie, sino porque son el patrón contra el que se mide todo lo demás.